
En los primeros meses de 1945 Japón se encontraba en una situación desesperada, ya que los estadounidenses habían logrado avanzar en el Pacífico, destruyendo su flota mercante y aeronaval, interrumpiendo los suministros vitales de combustible y materias primas. A pesar de esta situación, los japoneses se negaban a rendirse y estaban dispuestos a defenderse con brutalidad para evitar la invasión de sus islas de origen.