
Durante el verano de 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, los ejércitos de Hitler se encontraban en retirada en el frente oriental, mientras que los tanques y la artillería soviética destrozaban las líneas alemanas. El ejército rojo expulsó a los alemanes de las ciudades de Orel y Belgorod, lo que llevó a Hitler a asumir un mayor control personal de las decisiones militares importantes en Alemania. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos iniciales de los alemanes por resistir, las posiciones alemanas se vieron desbordadas y se vieron obligados a retirarse. El ejército rojo lanzó una gigantesca ofensiva a lo largo de un frente de casi 2500 kilómetros, desde Rostov hasta Smolensk. Los alemanes intentaron atrincherarse y establecer líneas defensivas, pero fueron superados por las fuerzas soviéticas.