
El bombardero B-29 representa la mejor oportunidad aliada para llevar la guerra al territorio japonés, y China aparece como una posible base aérea desde la que operar. Sin embargo, consciente de esta amenaza, Japón desencadena la mayor ofensiva terrestre de toda la guerra para consolidar su control sobre Asia y poner en peligro las futuras operaciones aéreas aliadas, provocando encarnizados combates en las selvas y llanuras del continente. Mientras tanto, la Marina estadounidense avanza a gran velocidad por el Pacífico hacia las islas Marianas, otro posible emplazamiento para futuras bases de B-29.