
El acto de Boran de lastimarse y culpar a Alya ya no es un movimiento oculto sino una amenaza abierta. Al declarar que utilizará esta acusación en el caso de la custodia, Boran obliga a Alya a abandonar el divorcio. Una vez más, Alya se enfrenta al mayor temor de una madre, mientras el frágil equilibrio entre su corazón y su razón comienza a colapsar. En Albora, los pasos dados en las sombras se vuelven cada vez más despiadados, como lo demuestra el último movimiento de Demir. Al reunir a Zerrin con su bebé, Demir establece personalmente las duras condiciones bajo las cuales pueden permanecer juntos, empujando a Zerrin a una prueba insoportable. A medida que se acerca la fecha de la corte, Alya se siente agotada por el miedo y el cansancio. Mientras tanto, Cihan toma medidas discretamente para limpiar el nombre de Alya.